Cuba #1 La Habana

7 y 8 Julio. Aterrizando en Cuba

Después de varias horas de vuelo y algunos incidentes con equipajes y tormentas llego a La habana. Nada mas salir del aeropuerto y de su eterna espera entre aduanas, visas y maletas cambio algunos euros para poder ir a la ciudad en taxi: 20 cuc (unos 18 euros)

En Vedado 13 entre 6 y 8 “me esperaba” Odalis, la madre de un chico conocido de una gran amistad que me regalo mi viaje a Tailandia. Odalis, como muchos cubanos, alquila habitaciones: en mi caso por 30 cuc con desayunos y cenas incluidos. No esta nada mal como acabaré comprobando durante mis días en Cuba.

Salgo con energía a conocer las calles de este “distrito” y ceno una de sus pizzas. Es un sabor diferente, pero no esta nada mal

Durante los dos días en vedado puedo disfrutar de la Habana y sus calles Linea, Paseo y tantas otras calles custodiadas por esas típicas casas y mansiones coloridas de la época colonial, comer y tomar café en sitios puramente cubanos sin turistas y muchas otras de esas cosas que me gusta hacer para que no sentirme turista. Lo odio


9 Julio. Mi querida Habana Vieja

Las experiencias mas puramente cubanas me las brinda La habana vieja. La primera de ellas Gabriel, un chico negro que trabaja para algunos bares de la zona que después de un mojito no duda en invitarme a su “casa” Una pequeñísima habitación a modo de casa compacta donde vive con su novia y comparte pasillos con algunas otras familias.

Entre las tantas cosas que hablamos me cuenta como el gobierno le ha dado aquella casa después de que la suya se derrumbara, el interés que tiene en aprender ingles para progresar en su trabajo (palabras suyas), la cantidad de veces que baja al pozo a por agua por la falta de agua corriente o la ayuda que suponen las cartillas de alimentos.

Poco después de despedirme de el y de su novia y habiendo recorrido ya la calle Obispo, La plaza vieja, la plaza de armas y a punto de volverme a Vedado por una calle cerca del puerto alguien me llama y cuando ve que me giro me señala el vaso de cerveza que aguanta en su otra mano y me invita a pasar para celebrar con ellos su cumpleaños. SIN DUDA la mejor experiencia que me llevo de Cuba: mis amigos Juan Carlos, Julio, Teresa, Alexander y cada persona que entra en su casa para felicitarlo.

Familia de Julio y Juan Carlos
Familia Julio Cesar (gorra roja) y Juan Carlos (izquierda)

Sin conocernos de nada pasamos la tarde hablando de cuba, de la educación, de la guerra… Juan Carlos tiene muy claro que los problemas del mundo surgen cuando los corazones del ser humano se separan y que no hay nada mas importante en la vida que rodearte de personas que te quieren.

En un pequeño descanso de nuestra interesante conversación aprovecho para comprar unas cervezas. A pesar de lo poco que tienen no han dejado de invitarme y me parece que es lo mínimo que puedo hacer.

Durante el camino al bar donde dispensan la cerveza me acompaña Teresa y el pequeño Alexis, que ha cogido confianza y me explica, entre otras cosas, que hace poco ha cumplido 7 años, así que le doy 10 cuc le digo que es mi regalo y le pido que se lo guarde y se lo gaste en lo que quiera.

 Una vez acabamos vamos a dar una vuelta por la Habana vieja tomando “un planchao” al lado de río y escuchamos el tradicional cañonazo de las 9.

De nuevo en casa cenamos y nos despedimos. Me entristece dejarlos pero se que .e llevo grandes amigos de mi querida Habana vieja.

En apenas 8 horas me he sentido parte de su familia. Así son los cubanos: familiares, amables y solidarios en su mayoría. Son felices con poco y lo poco que tienen lo comparten: ese es el sentido de la vida y el secreto de su felicidad.

Antes de irse Alexis se me acerca nervioso: “Espera aquí que me bañe, ¿oíste?” No quiere que me vaya hasta que vuelva, pero para cuando volvemos a casa ya es tarde se ha ido a dormir.

Durante una de las largas conversaciones Juan Carlos me dedica una frase que me llega. y me hace sentir especial. Surge mientras hablamos de la cantidad indecente de dinero que mueve el fútbol.

– Que raro es ver a un español que no le guste el fútbol- dice Julo, a lo que responde Juan Carlos: No, lo raro es ver aun español realista.

 

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